El pasado 17 de agosto celebramos el Día Peatonal Mundial, en recuerdo de lo que se considera la primera víctima registrada de un acto de violencia vial —habitualmente llamados accidentes—.
Estamos
ya en La Semana Europea de la Movilidad, que se celebra del 16 al 22 de
septiembre, bajo el lema central “Movilidad para todas las personas”.
Este
tipo de fechas nos ayudan a poner el foco en la relación de quien camina con el
espacio público, y a situar a las personas en el centro de la movilidad y el
espacio.
Todas
las personas somos peatones. Algunas vamos en silla de ruedas, apoyadas en
bastones o caminamos con dificultad. Aspiramos a que nuestra villa vaya ganando
amabilidad, armonía y salud gracias a la progresiva sustitución de los
desplazamientos a motor innecesarios por desplazamientos basados en una
movilidad activa.
La
mayoría de nuestras calles están pensadas para los coches. Además de la
calzada, disponen de espacio para aparcar, tienen señales específicas y
semáforos para regular nuestra relación con ellos. Nos obligan a caminar
distancias más largas, sólo para que los coches puedan ir más rápido.
El
exceso de espacio destinado a los vehículos no sólo dificulta el caminar,
también impide la presencia de más elementos naturales que oxigenen, embellezcan
y atemperen la ciudad y la conviertan en un espacio más amable para recorrerla
a pie.
Por
ello, más allá de los días o las semanas concretas, hemos de reivindicar
durante todo el año que caminar es la forma más universal, sostenible y
saludable de moverse, y debe ser, por lo tanto, la prioritaria en la villa. La planificación
urbana y la regulación del uso del espacio público han de ser consecuentes con
esta prioridad, haciendo que el caminar esté, de forma efectiva, por encima del
resto de los modos de transporte.
